miércoles, 8 de abril de 2009

¡Bienvenidos al futuro!

Karl Schmitt decía que lo que mueve la historia es el plan meditado de los gobernantes que tratan de mantenerse a sí mismos y al Estado. Lo que pasa hoy en Colombia no es nuevo, el escándalo del DAS sólo ratifica el simulacro de institución que tenemos y que funciona como táctica de protección a las políticas de nuestro actual gobierno.

Decimos descansar sobre una democracia, cuando lo cierto es que los atropellos y violaciones no pueden ser más explícitos y contradictorios. Un Estado represivo se asemeja más a la realidad, lo diferente se vuelve peligroso. Periodistas, miembros de la oposición y Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes han sido calificados muchas veces de terroristas, ‘Profarc’ y contrarios al gobierno, son las principales víctimas de un hostigamiento que inicia con la interceptación de llamadas, un delito reconocido por la ONU y que no ha merecido ninguna investigación penal, ni antes, ni ahora.

No estamos tan lejos de llegar a esa sociedad ‘impuesta’ en la que la libertad la conocemos porque la perdimos, pues la policía se encargará ahora de dar visto bueno a las acciones del DAS a pesar del caso ocurrido en 2002. No es una solución sana, ni efectiva a la crisis, el problema es estructural y esconde una estrategia criminal difícil de detectar. ¿Quiénes dieron las órdenes? ¿Con qué objetivo? ¿Es tan importante conocer por dónde se mueven, dónde viven, quiénes son sus esposas?

Podemos pensar en una ‘Policía del pensamiento’ como en la famosa obra de George Orwell, vivir con la idea de que cualquier sonido emitido puede ser escuchado, rastreado, y que excepto en la oscuridad todos nuestros movimientos serán observados. Qué pasa con la conferencia de prensa donde periodistas de reconocidos medios fueron fotografiados e insultados por miembros del equipo de seguridad del Presidente; ¿Por qué acusar de terrorista al periodista Hollman Morris? (¿dónde están las pruebas?) ¿Por qué detenerlo arbitrariamente?; los hijos de la magistrada María del Rosario González, o los seguimientos de otros funcionarios. El discurso maniqueo del Presidente, que divide en buenos y terroristas a la sociedad, ha generado, por ejemplo, que un organismo como el DAS, encargado de la seguridad nacional se sienta en la libertad, curiosamente, de investigar y vigilar a quienes considere ajenos al poder, sin importar si es delito o no hacerlo.

Los violadores de la voluntad están construyendo un lugar en el que la conformidad debe ser absoluta, y por eso antes de continuar con los porqués del escándalo, hay que pensar en lo que se está repitiendo. Se transgrede la carta constitucional y los fines justifican los medios, el poder se establece en una persecución, la idea siempre es detener, insultar o categorizar. ¿Enemigos creados para mantener una división?, la solución está en el cambio.

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