miércoles, 8 de abril de 2009

A veces, cuando llueve, no se si la gente se pone más nostálgica o más estúpida, como detenida... o las dos. El caso es que esta lloviendo y quise publicar cosas que a veces creo...

"No. Te espero más allá de los fines y los términos, en lo que no ha de pasar me quedo, en el puro acto de tu deseo, queriéndote. Y no quiero ya otra cosa más que verte a ti querer" Pedro Salinas

querer, amar, como lo quieran llamar remite a la imagen de una larga fila de espera donde la persona que quiero siempre está delante de mí y no mira para atrás, y la que me ama está detrás mio... lastimosamente siempre hay una persona que está al final de la fila, y a esa, a esa nadie la quiere.

"...lo importante es llegar a una conclusión, y de qué lado de la mesa llega eso, o de qué boca, o de qué rostro, o desde qué nombre es lo de menos" Jorge Luis Borges

Enemigos íntimos

Que sorpresa encontrar en la pantalla del televisor la imagen de Elda Neyis Mosquera, la muy mencionada guerrillera ‘Karina’, apropiada de los micrófonos pidiéndole perdón a sus víctimas y a Colombia por los crímenes cometidos durante su militancia en las FARC. La escena iba de las lágrimas, al cinismo.

Le tomó 48 minutos resarcir el daño causado durante 24 años, a través de la señal directa de los noticieros nacionales y de la manera más simplista: echando todo en un mismo costal. Su discurso no hacía especificaciones de ningún tipo, no habían nombres, ni cuándo, ni dónde, o por qué. La verdad, el principal factor para alcanzar el perdón no tuvo cabida en las, para algunos, muy conmovedoras palabras de la guerrillera.

Para alcanzar la justicia en una sociedad en conflicto, porque sí, en Colombia hay conflicto mientras existan actores y víctimas, debe haber tanta verdad como sea posible. La teórica norteamericana, Martha Minow dice que el perdón solo puede ser otorgado por la víctima y desde el conocimiento que esta tenga de lo que pasó, no de un alto funcionario que dice a quién, o qué acto, se debe olvidar. ‘Karina’ no ha confesado ni la mitad de sus crímenes y una alocución no basta.

Que cómico pensar que en Colombia estamos en una especie de extraña dimensión donde lo que ayer estaba mal, hoy esta bien. Las políticas del actual gobierno no buscan la paz, solo la manera racional y efectiva de mantener la guerra desde un discurso en el que unos son enemigos (terroristas) y otros los invisibles (las víctimas). Entonces resulta muy raro que espontáneamente ciertos individuos, enemigos – terroristas, ahora reciban el calificativo de ‘gestores de paz’ y que sean ellos los que ayuden a desmantelar la organización guerrillera. ¿cuántos votos más se granjeará Uribe con este tipo de prácticas? El perdón para ellos surge de la nada, bueno de un decreto, y por inercia todos estamos obligados a olvidar sus crímenes, cuando aun no se ha hablado de ningún tipo de reparación.

Y entonces pasó lo que tenía que pasar, dos sindicados del paramilitarismo le piden al “corazón grande” de nuestro presidente que los cobije con el manto salvador de “gestores de paz” y a ese ritmo, podría resultar que al fin de cuentas ni los unos, ni los otros son culpables. Si el que determina esto es el presidente, el es quien tiene la medida justa para saber quienes son los verdaderos criminales. Seguramente Rocío Arias y Alias el ‘alemán’ terminaran ayudándonos a todos a descubrir los terribles secretos del paramilitarismo. No es tan descabellado, es la historia que una vez más se repite!!

¡Bienvenidos al futuro!

Karl Schmitt decía que lo que mueve la historia es el plan meditado de los gobernantes que tratan de mantenerse a sí mismos y al Estado. Lo que pasa hoy en Colombia no es nuevo, el escándalo del DAS sólo ratifica el simulacro de institución que tenemos y que funciona como táctica de protección a las políticas de nuestro actual gobierno.

Decimos descansar sobre una democracia, cuando lo cierto es que los atropellos y violaciones no pueden ser más explícitos y contradictorios. Un Estado represivo se asemeja más a la realidad, lo diferente se vuelve peligroso. Periodistas, miembros de la oposición y Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes han sido calificados muchas veces de terroristas, ‘Profarc’ y contrarios al gobierno, son las principales víctimas de un hostigamiento que inicia con la interceptación de llamadas, un delito reconocido por la ONU y que no ha merecido ninguna investigación penal, ni antes, ni ahora.

No estamos tan lejos de llegar a esa sociedad ‘impuesta’ en la que la libertad la conocemos porque la perdimos, pues la policía se encargará ahora de dar visto bueno a las acciones del DAS a pesar del caso ocurrido en 2002. No es una solución sana, ni efectiva a la crisis, el problema es estructural y esconde una estrategia criminal difícil de detectar. ¿Quiénes dieron las órdenes? ¿Con qué objetivo? ¿Es tan importante conocer por dónde se mueven, dónde viven, quiénes son sus esposas?

Podemos pensar en una ‘Policía del pensamiento’ como en la famosa obra de George Orwell, vivir con la idea de que cualquier sonido emitido puede ser escuchado, rastreado, y que excepto en la oscuridad todos nuestros movimientos serán observados. Qué pasa con la conferencia de prensa donde periodistas de reconocidos medios fueron fotografiados e insultados por miembros del equipo de seguridad del Presidente; ¿Por qué acusar de terrorista al periodista Hollman Morris? (¿dónde están las pruebas?) ¿Por qué detenerlo arbitrariamente?; los hijos de la magistrada María del Rosario González, o los seguimientos de otros funcionarios. El discurso maniqueo del Presidente, que divide en buenos y terroristas a la sociedad, ha generado, por ejemplo, que un organismo como el DAS, encargado de la seguridad nacional se sienta en la libertad, curiosamente, de investigar y vigilar a quienes considere ajenos al poder, sin importar si es delito o no hacerlo.

Los violadores de la voluntad están construyendo un lugar en el que la conformidad debe ser absoluta, y por eso antes de continuar con los porqués del escándalo, hay que pensar en lo que se está repitiendo. Se transgrede la carta constitucional y los fines justifican los medios, el poder se establece en una persecución, la idea siempre es detener, insultar o categorizar. ¿Enemigos creados para mantener una división?, la solución está en el cambio.